Menu
15/12/2019
A+ A A-

NICARAGUA: ¿MONARQUÍA? PARECIERA…

Ortega, sudando calentura cubana, habla contra la monarquía mientras construye la propia, si es que lo dejamos. #SOSNICARAGUA.

Este mes, y sudando calentura ajena, pues el Rey de España en su visita a Cuba había hablado de los derechos humanos y democracia, Ortega dijo en la reunión del Consejo Político de ALBA: “Quién elige a las Monarquías? Cuántos votos, entonces, en aquellas épocas y en estos Tiempos también, para elegir a un Monarca? Cuántos votos? Pero todavía estamos en estos Tiempos y todavía hay Monarcas que hablan en nombre de la Democracia y que quieren dar lecciones de Democracia…¨ (tomado textualmente del “19 Digital”).

Pero Ortega, a su vez, actúa como las viejas monarquías absolutistas del pasado, y no las modernas monarquías constitucionales y parlamentarias, compatibles con el sistema democrático. Solamente así puede entenderse, que Ortega, su esposa y su familia, en un sentido absolutamente monárquico, se identifiquen con La Paz. Desde luego, la suya y la de sus fanáticos, no la de los nicaragüenses.

En la ignominiosa tortura pública a la cual sometió el Comisionado de la policía, Fidel Domínguez, a la familia Reyes Alonso, fueron obligados a repetir entre otras frases de “fidelidad”, como en los viejos calabozos feudales, “y con La Paz no se juega”. Es decir, Ortega (y su familia), son La Paz. Lo mismo ha ocurrido en las alocuciones diarias de la esposa de Ortega, y cada vez más de su descendencia, en una reiteración monárquica que debe remover de sus tumbas a todos los que lucharon por la República desde hace exactamente dos siglos, en 1821, e incluso antes.

Pero no solamente a los que lucharon por la independencia de Nicaragua y del continente americano, Bolívar incluso. Sino que el Sistema Interamericano, integrado por muchos organismos multilaterales, incluyendo la Organización de Estados Americanos (OEA), está integrado por repúblicas, no por monarquías. Punto adicional a considerar, no formal, pero sí político.

Cada vez con más frecuencia, los nicaragüenses comparamos a Ortega con Somoza. Aquí otra diferencia en los excesos: Somoza intentó una dinastía republicana, Ortega está intentando una dinastía monárquica. Si lo dejamos.

Tomado de: Mundo Jarquín, Lanicaragualinda: El pulso de la semana No. 522