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20/02/2020
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Columnistas invitados/Guest columnists

Díaz-Canel y Raúl, ¿dónde están las casas y el vasito de leche?

Los castristas, en medio de la situación caótica en la que ellos mismos han metido a Cuba, piensan seguir huyendo hacia adelante.

LA HABANA, Cuba. – Una de las características llamativas de los regímenes del “socialismo real” (como el que padecemos en Cuba desde hace seis decenios) es su vocación por las medallas y los galardones de todo tipo. Tal parece que, en una sociedad que se caracteriza por el sometimiento y la carestía, el otorgamiento de condecoraciones, órdenes y distinciones sirviera para compensar al menos en parte la mediocridad imperante.

En este campo, las palmas corresponden a los generales sin batallas que sirven a la dinastía de los Kim en Norcorea. Los más encumbrados de ellos, a falta de espacio en las pecheras de sus uniformes, se cuelgan medallas en mangas y pantalones… Una total ridiculez. En Cuba no se llega a esos extremos, pero son numerosos los reconocimientos y galardones de todo tipo. Se sigue, en esto, la práctica sentada en la antigua Unión Soviética —primer laboratorio de la pesadilla— por el tirano alias Stalin.

Uno de los títulos más curiosos ideado por el dictador georgiano en 1944 fue el de “Madre Heroína”. Se otorgaba a mujeres que tuvieran y criaran no menos de diez hijos. Subsistió en Rusia hasta 1991, pero los nostálgicos no han cesado de dirigir peticiones para que sea restaurado.

En la Cuba actual, el gobierno de Miguel Díaz-Canel exige bastante menos y otorga beneficios más palpables: Decidió en abril de 2019 asignar viviendas de manera priorizada a las familias con tres o más hijos. Pese a lo bajo del listón, son sólo “unas 2580 familias” las que al día de hoy llenarían ese requisito. Según el Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Isla, el principal factor en el proceso de envejecimiento es que, desde hace la friolera de 36 años, la fecundidad está por debajo del nivel de reemplazo poblacional (menos de una hija por mujer).

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Señales, no soluciones

“Que no los traten como moneda de cambio”, dijo en televisión un familiar de los presos excarcelados. Lo mismo se puede decir de la autorización a La Prensa para que liberen el papel retenido por razones políticas, y la readmisión en la Universidad Nacional Agraria, de los estudiantes expulsados.

¿A qué se refiere la familia de un excarcelado, al decir que no sea moneda de cambio? Al hecho hiriente y doloroso, de apresar, violar la libertad de expresión, y conculcar la autonomía universitaria, para después excarcelar, autorizar y readmitir, como favor.

Preparando el capítulo de un libro que estaremos finalizando muy pronto, entre varios autores, sobre la crisis y las opciones de salida a la misma, he revisado con algún detalle las informaciones y análisis que antecedieron al estallido, hace casi dos años. El 4 de junio de 2016, año electoral, Ortega concluyó el proceso de “privatización” del FSLN, en un supuesto Congreso de esa organización: ese día, sin discusión y debate, se aprobaron cuatro resoluciones. Entre ellas, la candidatura de Ortega para su cuarta presidencia, y dicho sea de paso es el único candidato presidencial que esa organización ha tenido en su historia.

Las otras resoluciones, eran la autorización para que Ortega decidiera la candidatura a la Vicepresidencia y seleccionara a los candidatos a diputados. Obvio, seleccionó a su esposa, y con ella las candidaturas a la diputación. Y por si fuese poco, en su discurso de aceptación de la candidatura dijo que ya no habría observadores internacionales, a quienes llamó sinvergüenzas, y diez días después su Embajador ante la OEA, y actual Canciller, pidió la destitución de Almagro.

También concluyó el proceso de “privatización” de las elecciones nacionales. En cuestión de pocas semanas, la Corte Suprema de Justicia y Consejo Supremo Electoral despojaron a la oposición de toda personería jurídica, y cancelaron las diputaciones que Ortega le había reconocido, siempre como “favor”, a la Alianza PLI (Partido Liberal Independiente) en las elecciones de 2011.

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El costo humano del Castrismo

En Cuba se fusiló, se masacró en sitios inimaginables, no solo en campamentos militares o lugares previamente designados para tan macabra acción. Las ejecuciones tuvieron lugar en patios de escuelas, en curvas de carreteras, en parques, farallones de las sierras, en cementerios y patios de viviendas, en esa gestión fueron alumnos aventajados del nazismo y del estalinismo, los engendradores del totalitarismo cubano.

Matar para el régimen castrista fue una especie de acto de purificación porque la muerte de los otros le afianzaba en el poder, en consecuencia, cuando el pueblo cubano pueda acceder sin restricciones al conocimiento pleno de los trágicos sucesos con los que la dictadura dinástica de los hermanos Castro ha marcado al país,  de seguro quedara profundamente conmovido ante el costo humano a la nación del experimento revolucionario.

Conmoción que tendrá que sumar a las ya acumuladas  precarias condiciones de vida que padece, a la destrucción material del país y a los constantes  fracasos de todos los proyectos gubernamentales, a pesar del gran esfuerzo realizado por el sector de la población que creyó fervientemente en las promesas del Caudillo.

No pocos “compañeros” participaron en las depredaciones de la dictadura, pero son escasos los que tienen una visión integral del pasado sangriento,  ya que el control ejercido sobre la información ha sido muy estricto  a la vez que ha estado fundamentado sistemáticamente en una campaña de intimidación de la que se requiere mucha entereza para sustraerse.

Esa puede ser una de las causas por las que más de un victimario cree ciegamente que los abusos fueron aislados y los crímenes inexistentes, tal y como muchos respetables ciudadanos alemanes negaron frenéticamente  el Holocausto.

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REPÚBLICA DOMINICANA: USO DE LAS REDES SOCIALES

Dicho desde este espacio en mas de una oportunidad, las redes sociales constituyen el más amplio y acabado exponente de la libertad de expresión puesta al alcance de todos los ciudadanos para que puedan emitir sus opiniones sobre los temas que más directamente le atañen, suscribir críticas y hacer propuestas.

Ha sido a través de las redes que hechos punibles, tanto acciones delictivas como abusos de autoridad, incluyendo el testimonio visual e irrebatible de las tan abusadas y frecuentes “ejecuciones extrajudiciales”, que no encuentran  justificación ni siquiera en los casos en que la hoja de vida de las víctimas muestra un amplio listado delictivo.  Son hechos que, de no haberse puesto al descubierto por usuarios alertados, habrían pasado inadvertidos y arropados de impunidad.

Pero no siempre ocurre así.  Lamentablemente resulta muy tenue y fácil de trasponer la línea que separa la libertad del libertinaje.  Esta es la otra cara, la fea y negativa, de las redes sociales, cuando elementos desaprensivos, alienados mentales en unos casos, enajenados morales las más de las veces hacen uso irresponsable de tan importante herramienta de ejercicio democrático.

Es cuando se usa la misma para insultar, calumniar, manchar reputaciones, lanzar acusaciones a vuelo sin la menor prueba de aval, sembrar discordia, mentir sin el menor recato, servir intereses espurios, convertirse en bocinas y cajas de resonancia contratadas y pagadas de campañas difamatorias.   Pero además, para difundir las llamadas “fake news”, las noticias falsas.

El riesgo que estas entrañan, que tal como resalta Adriano Miguel Tejada, en su Antes Meridiano de este día en Diario Libre, pudiera llegar al punto de generar consecuencias catastróficas, al censurar con sobrada razón el hecho de que elementos desaprensivos, en forma culpablemente irresponsable, estén difundiendo la falsa versión de que en el país hay casos de coronavirus que son ocultados al público por las autoridades sanitarias.

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Confidencial: Gioconda Belli - ¿La golondrina hizo el verano?

Hago una referencia al dicho: “una golondrina no hace verano” para expresar mi valoración de mi incorporación a la Alianza Cívica. Yo era una más, pensé. En estos días, sin embargo, me ha sorprendido percatarme de que sí puede ser que una golondrina afecte más de lo que pensaba, a juzgar por la caudalosa reacción pro y contra en las redes sociales.

Las redes sociales son, sin duda, un espacio relativamente novedoso que permite que quienes no cuentan con un medio de difusión puedan difundir sus ideas e inquietudes. Como persona que actúa en público, ya sea como escritora o como política, no estoy exenta del debate de ideas como cualquier ciudadano o de que se me contradiga. Así funciona la democracia. Y es una suerte que tengamos, al menos en esos espacios, la libertad de expresarnos.

Pero también siento que las mismas redes son un arma de doble filo. He visto acusaciones que pueden entrar dentro del terreno de la posverdad, acusaciones falsas, extractos de entrevistas donde se sacan de contexto frases para probar lo que quien viera la entrevista completa entendería de una manera muy diferente. Se ha atacado mi honestidad, mi sexualidad, mi pasado, y quienes así lo han hecho, han tenido poco interés por un presente que dura ya treinta años, en que he rectificado y hecho críticas y he escrito libros y dado entrevistas sobre la problemática y errores de la revolución sandinista y el producto que quedó de ella por desgracia, y que es la dictadura Ortega Murillo que sufrimos hoy.

Soy lo que soy y he sido. Me hago responsable de mis errores y mis aciertos.

Ciertamente que entiendo el resentimiento contra el sandinismo. Como ha dicho Edgard Tijerino, somos una generación que falló en conducir a Nicaragua a la libertad que se había ganado a sangre y fuego después de la dictadura somocista. Llegamos al triunfo con conceptos de izquierda equivocados. Viniendo de 45 años de dictadura, era fácil descartar la democracia para quienes no pensaban como nosotros y decir que construíamos una democracia “popular” para ese pueblo al que le estaba negada, no sólo la democracia, sino la libertad y los derechos humanos. Error muy común en las izquierdas, desafortunadamente, y que ha dado dictaduras iguales o peores a las que se quería descartar. Cuba y Venezuela nos acompañan en esa desgracia.

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